miércoles, 7 de octubre de 2009

Palestina


Desde las épocas patriarcales de Abraham, cuándo los pleitos fraternales apenas empezaban por discusiones teológicas que sería prudente aludir, pero que por razones de economía y de sabiduría sería mejor exponerlos livianamente y no caer en sofismos, ni eufemismos que perjudicarían la imagen de lo que hoy conocemos como el Estado de Palestina.
Es bueno recordar la versión bíblica de la creación de la cultura árabe y la cultura hebrea, contemplando las intenciones descendentes de un héroe bíblico que tiene un aspecto patriarcal y soberna, que impone una identidad propia para construir unas formas extravagantes de epopeyas bíblicas, y la misma identidad de un pueblo dividido desde el principio. Los árabes, que es descendencia directa del primer hijo de Abraham, llamado Ismael, han reclamado desde épocas casi pre-históricas ese territorio como legítima sucesión divina, por las razones que el derecho civil nos explica perfectamente, pero los hebreos, personas paranoicas, con delirios de grandeza y persecución, que son el resultado de los intereses de Isaac, segundo hijo de Abraham, reclaman más furibundamente esa tierra como propia.
Después de tiempos de conflictos, de intervenciones directas de otras naciones a ese territorio, los hebreos emigraron a otra parte, se desplegaron por todo el mundo, sin importarle ese espacio territorial que según ellos les había dado de Dios. Ahora bien, los ismaelitas, respetando más lo intereses tradicionales, se quedaron protegiendo los intereses heredados del ser supremo, intereses que fueron violados después de la segunda guerra mundial, después de el “martirio” semita, y de unas jugadas terribles, estos hijos de Isaac, los hebreos, se hospedaron en el lugar donde habitan los islámicos, ese lugar es Palestina, una zona árida, muy desértica, una expansión geográfica accidentada, y por razones geoestratégicas muy disputada.
Mucha gente desconoce la esencia misma del Estado Palestino, cree que son ellos los que están ocupando el espacio judío, siendo al contrario, niegan la existencia de este espacio político, porque tiene una reputación negativa, y que no está reconocido por grandes países del globo terrestre.
El hecho es que negar su existencia, sería negar toda la trayectoria histórica y su trasegar en la vida mundial. Negar a Palestina como Estado, sería desterrar injustamente las proyecciones sociales y culturales que nos dejó esta cultura tan brillante en tantas cosas; la desinformación occidental al respecto, nos hace ignorantes de las intenciones palestinas con el resto del planeta, sus funciones religiosas, sus formas culturales, sus deseos independistas que nunca se va a lograr por razones de la intolerancias y de arrogancia de la cultura occidental.
Hay que defender nuestra identidad, pero también respetar la ajena, un presidente Mexicano dijo: “La paz es el respeto por la diferencia ajena…” y para que haya armonía en el mundo, hay que saber que los palestinos son personas como todas, tienen una fuente diferente a la petulancia judaica, y son más enmarcados en su doctrina como dogma, en su forma social como un elemento unánime de cultura e identidad.
Palestina es un Estado unánime, y sus características son idénticas a la de los demás Estados universales, lo que pasa es que se aporrea fanáticamente sin fundamentos a una diferencia social que ellos pregonan, sus características antropológicas son diferentes, y por eso se so juzga de una forma olímpica y des cabellada, tratándolos con títulos denigrantes y desfigurando ilógicamente los deseos mundiales de paz y fraternidad

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